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El nuevo mecenas y la ueva inquisición

Publicado el 19/05/2026

“En cuestiones de ciencia, la autoridad de miles no vale más que el humilde razonamiento de un único individuo.” — Galileo Galilei
La ciencia como idea romántica de progreso fue hecha por hombres, hombre en tanto humano, que propendían a satisfacer su curiosidad por los fenómenos naturales, inicialmente como medio para entender la obra de Dios, para luego avanzar hacia un secularismo que implicaba entender el mundo sin necesidad darle connotaciones religiosos o místicas de algún tipo. En los inicios los grandes científicos gozaban de una posición social que les permitía el tiempo de reflexión y contemplación que el hombre común del vulgo no se podía permitir. Si bien es cierto la ciencia en sus primeros años también dependía de mecenas, había ciertas áreas que en aquella época no requerían de sofisticados instrumentos para desarrollar y elaborar nuevo conocimiento. La incipiente técnica, sin duda existía y ayudó mucho en el progreso científico, y el mecenazgo para adquirir esos instrumentos era ejercido mayormente por el noble o el Señor local. Con el tiempo los avances científicos permitieron nuevos avances en la técnica y esta a su vez aportaba nuevos instrumentos, tanto para la observación como para la experimentación con nuevos elementos, como es el caso de la química, un circulo virtuosos que se enriquecía a si mismo. La ciencia vino a desarticular antiguos sistemas de creencias y si citamos a Paul Harman la aceptación del modelo mecanicista amenazaba los presupuestos tradicionales y la singularidad del hombre.

En la era actual, sin embargo, podemos retomar la idea de singularidad astrológica, pero en esta oportunidad desde un punto de vista tecno-biológico en la que se piensa al hombre superando sus limitaciones biológicas mezclándose con nuevas herramientas tecnológicas, y una vez más, el circulo virtuoso de ciencia y tecnología se entremezclan para la construcción del nuevo Homo Deus. Si miramos nuevamente en la historia y buscamos un paralelo entre la ciencia actual y la ciencia de la época de Galileo, hoy mantenemos un modelo de mecenazgo, más sofisticado, pero seguimos dependiendo de becas y financiamiento estatal o privado, no obstante, la ciencia actual corre un nuevo riesgo que Copérnico ni Galileo sufrieron y lo llamaré el problema del Gran Mecena.

La tecnociencia actual en gran parte depende de un Gran Mecena que no es el mismo Señor local del renacimiento o señor medieval, este nuevo Gran Mecena es mucho más poderoso, por una parte controla la tecnología que permite nuevas posibilidades científicas, mientras que también controla las becas y estadías en avanzados laboratorios de investigación, controla las patentes, licencias, publicaciones y revistas de divulgación. La historia contemporánea de la ciencia puede verse con algunos sesgos coercitivos, como la perdida de libertad si se contraviene los intereses del Gran Mecena ¿Qué pasa si los resultados de una investigación revelan algo como una cambio climático o calentamiento global?.

La historia se construye por una cadena de decisiones y debemos someter nuestro trabajo al escrutinio de lo que no es medible por instrumentos cuidadosamente calibrados. El Gran Mecena actual tiene un componente adicional y es la necesidad de la utilidad práctica, muchos d ellos oligarcas y ostentadores del poder político desprecien la utilidad d ella ciencia y las ciencias básicas en particular y esperan someter todo el conocimiento científico al desarrollo productivo y económico de corto plazo. Hoy en día para hacer y lograr avances en ciertas áreas científicas necesitamos de grandes artefactos, en astronomía dependemos de grandes telescopios y en muchas otras áreas de grandes sistemas de procesamiento de datos, tecnología que en muchas ocasiones es de doble propósito y su desarrollo impacta, por ejemplo, en la vigilancia masiva de las personas, las grandes tecnológicas lo saben, entienden este proceso y lo controlan. Esa gran maquinaria de procesamiento es controlada por un Gran Mecena que no es el mismo que admiraba el trabajo de Galileo porque el antiguo mecena podía asombrarse por la genialidad de los descubrimeintos de los científicos, el gran mecena actual no se asombra cono ese conocimiento, sino con lo que se puede producir con el. Como científicos debemos evaluar si nuestro legado histórico implicará necesariamente la afectación de alguna actividad humana, y si estamos rompiendo el circulo virtuoso entre ciencia y tecnología para el desarrollo humano. Debemos identificar nuestros nuevos inquisidores y no pensar en la ciencia solo como medio para acelerar procesos productivos de un nuevo Gran Señor.




html antiguo, pura nostalgia por una epoca con menos bots y vigilancia

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